Aunque alguna vez ya se habló de este tema, un proyecto, del carácter que sea, puede denominarse liza y llanamente “Crisis“, en el sentido mas metafórico y -al mismo tiempo- literal de la palabra (por paradójico que suene).
Dicho de otro modo, al embarcarse en cualquier “creación”, uno incurre en situaciones dificultosas cuyo desenlace en muchas veces es sospechado, pero pocas veces conocido. Un “Proyecto” (desde, por ejemplo, el ensayo que constituye el trabajo final de la cátedra, hasta algo tan distante -o no tanto- como la re-estructuración, actualización y/o la resurrección de un blog) resulta conflictivo y genera en el curso de su desarrollo una serie de cuestionamientos que constituyen esa misma crisis.
Así, un proyecto es:
- una crisis en si mismo, por la serie de complicaciones, dudas, reflexiones y cuestionamientos que acarrea su realización ( literal).
- como una crisis por el simple hecho que obliga a modificar todo lo planeado en el curso de su desarrollo (metafórico).
Y si es que no queda del todo claro, pongamos sobre el mantel algunas de las preguntas mas recurrentes que suele hacerse uno mismo mientras se desarrolla el emprendimiento. En si mismas demuestran la existencia de la “crisis”:
- Antes de comenzar:
- ¿Qué quiero hacer?
- ¿Cómo y para qué lo quiero hacer?
- ¿Quiénes lo van ver/leer/oír?
- Una vez comenzado:
- ¿Y si cambio esto o aquello de lugar? (señalando algún elemento que desprenderá las siguientes 138 modificaciones).
- ¿Por qué no funciona como lo planee?
- ¿Y si devuelvo todo a como estaba al principio? (pregunta previa a realizar la acción, sin importar la respuesta que genere).
- ¿Hay alguien ahí afuera?
- ¿De donde saco el tiempo?
- Al encontrar los primeros errores:
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