Siguiendo con el extensísimo paréntesis temático de esta semana: Vuelve el fútbol. Excelente noticia para los que nos gusta el deporte rey. ¡Cuánto se lo extrañaba!
Cuánto se pedía el fin del monopolio televisivo (con el cual algunos estábamos en desacuerdo), cuánto se reclamaba una reforma del asunto, una nueva manera de ver tan lindo deporte. Cuántas dudas nos queda de que ésto último resulte, y cuánta mugre hay en los movimientos oficiales, aquellos de la Asociación del Fútbol Argentino y los defensores del pueblo.
Lo que ayer, entre burdos palabreríos y muestras de demagogia e ignorancia, se anunciaba mediante conferencia de prensa era nada menos que el fin del monopolio en la transmisión del fútbol. O eso esperamos…
Que al fútbol, en su carácter de espectáculo masivo y popular, había que desligarlo de este tipo de prácticas no cabía dudas. Especial atención merecía el detalle del “fútbol premium”: un servicio que -de cierta forma- había que pagar dos veces para poderlo disfrutar (contratar un operador de cable y comprar tal función aparte, todo al mismo grupo multimedios).
Incluso en el mismo anteproyecto de la futura Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se contempla la posibilidad del acceso gratuito a espectáculos deportivos. Un punto a favor del gobierno, algo que había que hacer.
El problema llega al momento de plasmarlo en documentos. No parecía prudente, en los tiempos que corren, invertir semejante cantidad de dinero en tal ámbito (habiendo hoy por hoy otros problemas mucho mas graves a la vuelta de la esquina); y menos si nos fijamos bien cuales parecen ser los motivos para la cancelación del contrato anterior.
Realmente, a la AFA nunca pareció importarle el “acceso gratuito” ni la “comodidad del espectador”, ni tan siquiera que la transmisión fuera de calidad. Los motivos parecen ser (y lo seguimos diciendo así, porque afirmarlo no sería prudente) puramente económicos.
Ni hablar de la forma en se aprobó el acuerdo, el trato hacia los clubes del ascenso y como se realizará la repartija. Ésto último nos mostraba el oportunista diario Clarín en base al contrato anterior. Ni nos imaginemos cuantos millones se destinaran ahora a aumentar las diferencias y desigualdades de los clubes “chicos” y “grandes” (La mayor parte del dinero irá, seguramente, a solventar las deudas de los supuestamente “grandes”).
Peor si pensamos que ahora no incluye al ascenso, por lo menos no al Nacional B, y ni hablar de las diferencias organizativas y económicas que establece el organismo entre directa e indirectamente afiliados, o de las declaraciones del dueño de la AFA sobre diversos temas. Si sigo hilando fino me tendría que poner a pensar, incluso, por qué hace una treintena de años no se elije otro dirigente y que fue el mismo Don Julio* el que firmó el contrato original; pero sería para convertir ésto en un verdadero mamotreto.
Otra cuestión son las palabras de la PresidentE Cristina Fernández de Kirchner en la ya mencionada conferencia de prensa, confundiendo al público y mezclando conceptos de una forma muy oportunista. Se llegó incluso a mencionar el “secuestro de goles” para comparar al accionar de Televisión Satelital Codificada con los secuestros perpetrados por la última dictadura (!). Por otro lado se refirió al gran negocio que representa el fútbol como “industria”, del cual esperemos nos quede algo a nosotros -el pueblo- como parte del Estado, y no solo a alguna empresa extranjera o con sede en El Calafate.
Queda demasiado por cambiar si de verdad este pase de manos puede valer la pena. En especial, al dirigente número uno de la Asociación del Fútbol Argentino y sus sospechosos movimientos. Sobre algunos de nuestros gobernantes mejor ni pronunciarse, sería señalar lo obvio.
A simple vista, se cumple lo que habían sostenido -al menos en el gobierno- y algo que se debía hacer (desligar semejante maquinaria mediática del deporte mas popular del territorio), aunque tal vez en otro momento. Pero no deja de haber demasiados nubarrones oscuros en el horizonte que me hacen preguntarme si realmente vale la pena.
Todo dependerá, en definitiva, de la voluntad de cumplir lo prometido y hacer las cosas prudentemente; aunque ciertos antecedentes no me dejan nada conforme.
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