Entrada corta, porque así lo amerita la cuestión. Y no es que no haya tela que cortar, sino que se me rompieron las tijeras. Es que lejos parece estar el actual Día del Amigo de tener real relación con su fecha de origen, salvo que uno sea payaguayo.
Paraguay, que celebra el 30 Julio el Día de la Amistad debido a la antigua Cruzada Mundial por la Amistad (1958), campaña de nombre paradójico pare de fines semi-utópicos: fortalecer y valorizar la amistad entre los seres humanos.
Dejando de lado la “Cruzada…” y entrando de lleno en la creación del Dr. Febbraro, el Día Internacional del Amigo (a veces es difícil salir del cliché de “invento argentino”) se celebra desde 1969, el 20 de Julio (Argentina, España, Uruguay). Mas allá de la buena idea (que sí, esta me parece buena), y de sus intentos por definir la amistad dentro de ciertos cánones, vamos a centrarnos en la fecha elegida.
Bastante conocida es ya la historia de las 700 cartas, que sumada a la idea de que humanidad toda llegó a la Luna el 20 de Julio de 1969, podría resultar una buena justificación. Sin embargo lejos estaba en aquel momento (y mucho mas ahora) de ser “toda” la parte de la humanidad que tocaba el satélite.
Una Guerra Fría como contexto, cuyo fin comenzaría en el final de la Carrera Espacial y la comentada llegada a la Luna, no parecen cercanas a lo que se proclama como “Amistad”. Suficientemente dividido dejó al mundo que, en vez de unirse en futuro, habría de fragmentarse aún mas. De mas estaría ponerse a analizar a quienes le quedaron los méritos históricos y tecnológicos de aquel hito.
Febbraro intentó, desde aquel momento, justificar la elección (que es verdad, no hubo muchos “logros colectivos” de la humanidad) sin lograr escapar demasiado de cuestionamientos como el anterior. Incluso, hace un año se llegó a proponer cambiar la fecha en honor al fallecido “Negro” Fontanarrosa, gigante del humor y la cultura argenta; pero eso es otra historia…
Por lo pronto (y aunque, como siempre, me fui por las ramas de la historia) amigo lector, festeje que es terapéutico. No se mate en una ruta, disfrute con amigos, ríase de los mensajes de texto que dicen “feliz día” y no sabe de donde provienen (o de los que por uno u otro motivo, no tienen sentido) y pásela bien. No se deje envolver en el consumismo y no deje seguir robando a los Enanitos Verdes con esa canción desabrida y enfermantemente clásica (no entiendo como no se hártan).
Sobre el consumismo: si, tengo una tentación casi malévola por dinamitar todo hablando del tema, pero lo dejamos para otro día.