Algo por el estilo expresa un japones que anda juntando firmas para que se le permita casarse con su amada, Mikuru Asahina, un personaje del manga La Melancolía de Haruhi Suzumiya (en 20minutos nunca me fallan con la insólita de la semana).
Según leo, el amigo nipón afirma sentirse mas cómodo en el mundo de las 2D: “Yo no estoy interesado en las tres dimensiones, incluso me gustaría llegar a ser un habitante del mundo bidimensional”.
Tal vez lo más extraño del caso es que la junta de firmas parece ir bastante bien (teniendo en cuenta las posibilidades de aquella unión) dado que en una semana ya va por las mil. Y si pensamos en la cantidad de gente que hay en japón, si cruza la calle, seguramente junta otras 2000 mas.
Más allá de aquella imposibilidad que plantea pensar una vida al lado de un ser de dos dimensiones, hay que reconocer que son muchas las personas que encuentran tal grado de empatía para con personajes ficticios; ya sean de películas, dibujos animados o, en este caso, un manga. Un buen ejemplo son las películas denominadas de terror, manifestándose sentimientos de dolor, miedo o hasta identificándose con los personajes (¿Quien no sintió dolor en la escena del gancho de carnicería de La Matanza de Texas?).
Está bien, el último ejemplo se va un poco al carajo no es muy similar, pero solo cambia en que en éste caso se manifiesta… ¿amor?
Veremos que pasará con la historia de este chico japonés, aunque según mi opinión todavía estamos un poco lejos de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o Space Jam.
Me imagino de acá a un año: “Un japonés quiere divorciarse de su esposa, un personaje de comic. La remata por eBay“.